sábado, 19 de febrero de 2011

Un juiljo y la ciudad

Un juiljo decidió visitar a un flauta amigo en la ciudad, lugar donde suele sentirse incómodo ya que la mayoría de sus amigos flauta viven en cuevas cerca de los juiljos en el bosque, y el pobre juiljo no está acostumbrado. Preocupado por su ubicación el juiljo se acercó a un pirípiti y pregunto: –Pirípiti pirípiti, donde puedo encontrar a mi flauta amigo- con una amplia sonrisa y olvidando lo mucho que los pirípitis detestan ser llamados pirípitis. –No me molestes jueljo- contesto el pirípiti - no vez que estoh mue ocupado. Ambos se miraron unos segundos y luego el juiljo siguió camino, camino que no conocía. Las ciudades de los pirípitis solo poseen calles curvas, ya que los caminos rectos les recuerdan a las “i”, letra que detestan, y los caminos curvos a las “u”, enorgulleciendolos. El juiljo caminaba cansado sin poder encontrar a su amigo cuando un pequeño toralpido se le cruzó y casi lo pisa. Pobre toralpido, si el juiljo supiera que venía del trabajo hubiera puesto más atención al cruzarselo. Estos seres son fundamentales en la construcción de pelanques (son como las casas pero menos cuadradas y a veces pueden resfriarse) ya que soportan grandes pesos en sus planas espaldas. –toralpido, busco a mi flauta amigo- exclamó el juiljo. Con una voz grave y muy lentamente : -creo que esta del otro lado de los bambúz- respondió el toralpido. –Gracias – dijo el juiljo y sonriendo nuevamente se echo a caminar. Llegada la noche el juiljo volvía a su hogar en el bosque cuando se cruzó al mismo pirípiti de la mañana, algo muy extraño ya que en el mes de Agosto no suelen repetirse los encuentros. Viendo el juiljo que el pirípiti estaba agotado de hacer su labor se aproximo y dijo –púlulu, una cena te ofrezco, al calor del hogar-.  El pirípiti aceptó y caminaron juntos, claro que pisando baldozas de distinto color cada uno, no sea cosa que se confundan en pisar los dos la misma y se les enreden los pies.

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